ESCUELA DE
PADRES/MADRES SESIÓN Nº 19 |
| TEMA : PREMIOS Y CASTIGOS
(2) |
| OBJETIVOS: |
Profundizar en las actitudes
educativas más convenientes para mejorar el comportamiento de los hijos.
Concretar algunas orientaciones
prácticas para emplear los premios y castigos con carácter educativo.
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| METODOLOGÍA : |
1.- Exposición del
monitor/a con el material adjunto ( Tiempo : 30 )
2.- Trabajo en grupos con las
preguntas de la hoja anexa ( Tiempo : 30 )
3.- Puesta en común ( Tiempo :
30 ) |
| Bibliografía: |
"Relaciones Familiares"-
Monográfico editado por la revista "Padres y Maestros"- Ediciones Paulinas-
1.982
"Los límites en la
educación de niños y adolescentes: una necesidad para el aprendizaje y la
socialización" Miguel Costa 1.998
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TEMA 19 |
PREMIOS,
CASTIGOS Y EDUCACIÓN DE LOS HIJOS |
Seguro que tu hija
es inteligente, adorable, tierna y qué se yo cuantas cosas más. Casi perfecta. Pero
sucede que, con ella, estás casi siempre al borde del agotamiento: con el corazón en un
puño por la que estará armando cuando no estás delante, su cuarto se parece
peligrosamente a uno de esos bazares en que uno puede encontrar de todo y en un desorden
casi perfecto.
Y... ¿qué me dices de tu hijo?
David es responsable, noble y
sensible. Pero también terco, respondón y, especialmente a la hora de las comidas, un
experto campeón en inventar las más variopintas excusas para no terminar nunca.
Es decir, dos hijos completamente
normales. |
1. Cómo dominar
las situaciones diarias: recetas para las cefaleas paterno-filiales
Situaciones de discusión y
desobediencia suceden en todas las casas: los hijos necesitan desafiar a sus mayores,
bordear los límites disciplinarios y en definitiva oponerse.
Sin embargo, aunque lo sabemos, no
resulta fácil aguantar en "esos momentos" de nervios.
¿Qué podemos hacer para no tener
que pasar media vida peleando con los hijos? ¿Existen algunas reglas prácticas que nos
ayuden a manejar con acierto esas situaciones?. |
1.1. Cuida el estilo general de
la relación, sin esperar a los momentos críticos
Trata a quienes te rodean como
invitados.
Nunca se te ocurriría gritar, dar
órdenes o intentar hacer daño con tus comentarios a los invitados.
Si quieres que tus hijos te traten
con respecto y consideración haz tú lo mismo. Sabes que los niños aprenden en una gran
medida por imitación, de modo que es muy probable que recojamos lo que sembramos. Nunca
están de más palabras como "por favor" y "gracias".
Premia, estimula y alaba.
Instaura un estilo que esté más
basado en los premios que en los castigos, en el estímulo que en la amenaza.
Estáte seguro que el mejor premio,
como si de un perfume duradero se tratase, es la palabra y el gesto amable. Ambos hacen
crecer a las personas en confianza.
En bastantes empresas se funciona en
un estilo de relación que se conoce con el nombre de "manejo por excepción":
consiste en fijarse únicamente en los fallos del trabajo encomendado sin valorar lo que
es frecuente: el trabajo bien hecho. De este modo el empleado, se encuentra desmotivado y,
cuando el jefe le llama, piensa de modo espontáneo, que es para recibir una reprimenda...
También en casa corremos el riesgo
de reservar toda nuestra atención y energía para las ocasiones en que nuestros hijos no
responden con la conducta adecuada; olvidamos las ocasiones en que recoge sus cosas por
propia iniciativa, hace los deberes sin necesidad de observaciones o se sienta bien en la
mesa...
Valora también los esfuerzos y
mejoras.
No esperes a que su conducta sea
perfecta: dile que valoras su esfuerzo.
Y no esperes en tu alabanza a que
cambie en todos sus defectos; siempre habría un "si, pero..." que te haría
imposible estar satisfecho/a.
Con los niños pequeños suele dar
buenos resultados el comentar su buen comportamiento, como de pasada, ante otras personas;
parece tener algo parecido a un radar para las ocasiones en que se habla de ellos.
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1.2. Aprende a leer las conductas
de tus hijos y enséñales a que también ellos lo hagan.
Ignora las conductas inadecuadas
no destructivas que tratan de atraer tu atención.
A veces una conducta no es lo
que parece. Detrás de un mal comportamiento, como orinarse cuando ya lo tenía superado o
lloriquear o pegar a su hermano..., puede haber una necesidad de llamar la atención y de
sentirse querido.
Centrarnos en atajar esas conductas
puede llevar a que se repitan cada vez más frecuentemente, puesto que consigue el
objetivo pretendido de que le hagamos caso.
Será necesario ignorarlas y,
simultáneamente, atender a su demanda de afecto.
En muchas de las discusiones, sobre
todo con adolescentes, lo que se discute no es sino la manifestación de algo diferente
que no se logra expresar.
Ante un "te odio", sería
equivocado tomárselo como algo personal. Si está dicho en el contexto de una
prohibición de salir por la noche, por ejemplo.
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1.3 Recuerda que los desacuerdos
son normales en toda relación.
En cualquier relación social, antes
o después, aparece el desacuerdo. También en la familia.
Pero puedes convertir el desacuerdo
en un factor educativo (lo que no significa necesariamente darle la razón al hijo) o en
un conflicto de poderes.
Es sabido que:
Dos no se pegan si uno no quiere.
Del mismo modo que para que haya una
guerra se necesitan dos contendientes, también se necesita más de un participante para
que exista una pelea.
A veces los hijos necesitan
encontrar un contrincante; les es más fácil justificar sus malos modos cuando también
la otra persona se sale de sus casillas. No caigas en la trampa tú eres el adulto.
Recuerda que se trata de educar, no de ganar peleas.
Porque, a pesar del esfuerzo por
lograr una salida constructiva al desacuerdo, tropezaréis cada cierto tiempo...
A veces es vuestro hijo/a quien
tiene una temporada especialmente nerviosa: unos exámenes, la frustración ocasionada por
la pérdida de una amiga etc.; otras, somos nosotros quienes estamos tensos a causa del
trabajo o de un dolor de cabeza...
Hay que reivindicar como un derecho,
tanto para ellos como para nosotros, la posibilidad de esos días.
Pero hay que pedir perdón cuando ha
pasado la tempestad y reconocer nuestro error, enseñándoles a hacer lo mismo.
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1.4 Algunos de los desacuerdos
merecen una pelea. La mayoría no.
Jerarquiza la importancia de
los temas y actúa en conformidad con su importancia educativa.
Porque no todos los temas son
igualmente trascendentes: no transijas, a pesar de los gritos y pataleos, en aquellos en
los que tú consideras que se juegan criterios de fondo. Pero tampoco te pases el día
haciendo observaciones o peleándote por minucias. Cuando queremos cambiar conductas hay
que seleccionar: con las dos o tres más importantes es suficiente.
Expresa tu enfado de forma breve y
sin responder a las protestas.
No discursees demasiado. Explica en
pocas palabras y con claridad el por qué de tu enfado. Un "¡No!" o
"¡Basta!", seguidos de una frase de explicación puede ser suficiente.
Después de la explosión, detente.
La pausa tiene mayor efecto que todos los gritos. Y si sigues gritando estás perdido
porque tendrás que responder, en el mismo tono, una y otra vez a sus réplicas. En ese
defecto suelen caer especialmente las madres.
Cuida de que tus palabras no lleven
insultos ni actos que lesionen la dignidad personal de tu hijo/a.
Marca un tiempo de reflexión
Si ves que tu hijo quiere seguir
peleando, un tiempo de reflexión en su cuarto puede ayudar a que la situación se
enfríe. Ese tiempo no debe ser demasiado largo puesto que no pretende ser un castigo en
el sentido tradicional de la palabra. se trata de desactivar la agresividad que tanto en
él como en ti está a punto de desbordarse.
Una orientación sobre la duración
de ese tiempo es un minuto por cada año de edad.
Te sorprenderás de la cantidad de
enfados que desaparecen por sí solo aplicando esta sencilla fórmula...
Establece, de común acuerdo con
tu hijo las reglas que eviten que esa situación se repita y sed coherentes con ellas.
Una vez que se ha pasado la rabieta,
nunca inmediatamente después, es el momento de sentarse con tranquilidad y llegar a
acuerdos.
No pretendas "ganar por
goleada", ofrece contrapartidas y cede en aspectos que sean secundarios.
Y sé coherente en tu exigencia:
pocas actitudes son tan deseducativas como premiar o sancionar hoy con severidad
comportamientos a los que ayer eras indiferente o que, incluso, has alentado.
Actuad con coherencia y exigídla,
ambos cónyuges.
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2. Los premios y
castigos... ¿un factor educativo?
Las normas anteriores abordaban,
sobre todo, situaciones de tormenta. Pero en la vida de toda familia hay un cúmulo de
circunstancias que, sin ser explosivas, van perfilando el carácter de nuestros hijos:
aprenden a ser ordenados, a tener educación, a respetar o no los derechos de los otros
etc.
Y lo van haciendo por los estímulos
que un día tras otro van recibiendo de su ambiente; aquella cara que le pusimos, la
recompensa o el castigo que desde su más tierna infancia recibió cada vez que actuaba de
una determinada manera etc. Han ido configurando un estilo de persona.
Todos los padres, consciente o
inconscientemente, utilizamos los premios y los castigos con nuestros hijos. El que sean
un factor educativo o ayuden a malcriarlos depende del modo en que los manejamos.
De ahí la importancia de conocer
sus mecanismos. |
2.1. Premios
Si premias una conducta de tu hijo
con algo que sea gratificante y satisfactorio para él, es muy probable que se porte así
con más frecuencia.
Las recompensas materiales como el
dinero, materiales deportivos o juguetes, nos gustan a todos. Pero son las recompensas
sociales como la atención, los elogios y el afecto las que nos hacen sentirnos más a
gusto con nosotros mismos.
Dales preferencia, aunque no
exclusividad, en tu relación con los hijos.
Ejemplos de premios sociales son:
La promesa de participar en sus
juegos, en el caso de los niños pequeños: leer con él un cuento que le gusta, jugar
juntos, construir modelos, etc.
Decide en qué vas a utilizar
recompensas materiales. Un buen criterio es hacerlo de manera extraordinaria y con cosas
que sabes le suponen un especial esfuerzo. Pero, aún en ese caso, deben ir acompañadas
de recompensas sociales, de las que son expresión.
Y cuida de que no sean tan
frecuentes que acostumbres a tu hijo, a realizar las tareas más por los beneficios que de
ellas obtiene que por el valor que en sí mismas tienen.
No olvides que no hay dos
niños iguales. Y, por eso, puede suceder que lo que para uno es motivador no lo sea
para otro. Tendrás que adaptar los premios a la manera de ser de cada hijo.
Premia inmediatamente después
del comportamiento deseado. Cuanto más distancia hay entre la conducta y la
recompensa (o el castigo) menor será el efecto. Y cuanto menor es la edad del niño menos
eficaz resulta dicha distancia.
Existen dos formas básicas de
recompensar: todas las veces y ocasionalmente. Al comienzo, hasta que el
comportamiento nuevo está bien aprendido, es mejor reforzar el comportamiento
cada vez que se produzca. Luego, cuando el comportamiento está consolidado, se deben
utilizar los reforzadores de vez en cuando y a intervalos diferentes.
Es preferible que adoptes un
enfoque positivo y busques activamente el buen comportamiento de tus hijos para
recompensarlo que funcionar a base de castigos (el "manejo por excepción",
¿recuerdas?).
2.2. Castigos
Como ya se ha señalado, una
forma de eliminar un comportamiento inadecuado es pasarlo por alto continua y
permanentemente, sin recompensarlo nunca ni siquiera con la atención.
El castigo es una forma de
cortar un comportamiento que no se puede pasar por alto. Los castigos pueden ser
eficaces si se utilizan correctamente.
No utilices el castigo como
medio habitual para corregir a tu hijo.
El uso frecuente del castigo no
es eficaz para cambiar la conducta. Al revés, puede producir efectos que, sin duda, no
deseas. Así, por ejemplo:
Dura poco. El niño suprime su
conducta por un tiempo pero de nuevo vuelve a las andadas.
Exige nuevos castigos cada vez
más fuertes, originando un círculo vicioso difícil de romper: mala conducta castigo...
repetición de la mala conducta castigo más severo... etc.
Las relaciones entre tú y tu hijo
se resienten y pueden darse reacciones de rechazo afectivo, origen de problemas mucho más
serio que los que se tratan de resolver.
Las personas aprendemos también
por imitación. Y si un niño vive normalmente castigado: o ("tienen razón mis
padres; merezco todo lo que me dicen") o castigará a los de su alrededor: hermano/a
pequeño, compañeros de escuela etc
Muchos adultos que utilizan la
violencia sistemáticamente con sus hijos o cónyuges, crecieron en ambientes de fuerte
carga agresiva.
Es el último recurso y no la
manera habitual de actuar: si gritas con frecuencia, los gritos acabarán perdiendo todo
valor y tus hijos te verán como histérico/a...
Cuando castigas demasiado es que
no has jerarquizado suficientemente lo que es importante y lo que no en la educación de
tus hijos.
Se sabe exactamente por qué se
es castigado.
Es inmediato, sin aplazamientos
innecesarios: "ya verás cuando venga tu padre"...
Ocurre siempre que se comete la
falta, sin depender del buen o mal humor.
Ofrece al niño una
alternativa. No sólo se castiga la mala conducta sino que se explicita lo que se espera
de él y el modo en que puede realizarlo.
Permanece intacto el respeto
por la persona, sin que sufra la autoestima. Son las acciones las correctas o incorrectas,
no la persona. Ni "eres un inútil" ni "eres mala" sino "eso lo
has hecho mal".
No lo asocias a actividades de
aprendizaje como, por ejemplo, tener que copiar o hacer cuentas o leer. Ese es el mejor
método para que en el futuro odie las matemáticas o la lectura, por verlas relacionadas
con situaciones desagradables.
2.3. Las consecuencias
naturales y consecuencias lógicas
Frente al sistema de premio y
castigos, algunos autores proponen el método de las "Consecuencias naturales" y
las "Consecuencias lógicas". Se trata de una respuesta alternativa frente a los
problemas que plantea el método de premios y castigos; pero pueden coexistir ambos
sistemas: la edad, la manera de ser del niño y cada situación concreta nos indicará lo
más conveniente en cada momento...
Básicamente el método consiste
en relacionar la conducta del niño/a con las consecuencias que de ella se derivan; así,
si una adolescente insiste en ponerse zapatos de tacón alto en invierno, se le mojarán
los pies (consecuencia natural) y probablemente arruinará los zapatos y no le comprarán
otros hasta que sea el momento (consecuencia lógica).
El método de las consecuencias
naturales pone el acento sobre la realidad y el reconocimiento de los mutuos deberes y
derechos en vez de apoyarse sobre las valoraciones de los adultos. Además permite que
el sujeto tome sus propias decisiones y por lo tanto hace a los niños responsables de su
propio comportamiento.
Para que estés seguro de que tu
acción no es un castigo sino una expresión de Consecuencias ten en cuenta los siguientes
aspectos:
Oferta a tu hijo varias
alternativas: "puedes ordenar el cuarto o no. En este caso, puedes llevar allí a tus
amigos" o "tu padre y yo queremos ver la tele. Tú puedes ver el programa con
nosotros o salir de la sala. Mira lo que prefieres..."
Cuida de que el tono de voz sea
el adecuado.
Debe expresar aceptación y
respecto. Las frases anteriores dichas en un ambiente de gritos, son más castigo que
alternativa real. Pero si tu tono y tus miradas no revelan amenaza, la capacidad de
opción se manifiesta como real.
Que tus palabras expresen cariño y
firmeza a la vez.
Antes de plantear una
alternativa estáte seguro de que vas a aceptar la decisión del hijo.
A veces hay determinadas decisiones
que suponen riesgos que, como padres, no estamos dispuestos a que nuestros hijos asuman:
tu hija se empeña en ir al monte a pesar de que el tiempo amenaza lluvia. La consecuencia
natural de esa opción es que vendrá mojada y con riesgo de atrapar un catarro. Si es
pequeña para medir las consecuencias de su decisión, no se la ofertes como alternativa;
pero si se trata de una adolescente no merece la pena pelearte con ella: déjale correr
los riesgos de decidir, aunque a tu modo de ver sea equivocadamente. Es tomando decisiones
como se aprende a ser responsable.
Por supuesto, si pasa el fin de
semana en casa sin poder salir como consecuencia del catarro, no se lo recuerdes cada vez
que debe volver a elegir en situaciones parecidas: el "¿te acuerdas?..." o
"¡Ya te lo decía yo!" tiene más de pelea ganada que de método educativo.
Es bueno que experimente las
consecuencias de su decisión sin que la lástima te lleve a cortarlas: el no levantarse a
tiempo de la cama, a pesar de que uno y otro día se le llama con insistencia, puede
suponer un castigo escolar por falta de puntualidad; no le hagas una nota justificativa de
su conducta (aunque llames al profesor para explicarle los motivos por los que no la
haces) ni le prepares un bocadillo para el recreo porque, con las prisas, no ha podido
desayunar...
Cuando una acción no tiene
consecuencias naturales hay que aplicar las consecuencias lógicas: es razonable que
si mi cuarto está desordenado no pueda llevar allí a mis invitados. No lo sería que
deba copiar una lección...
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PROGRAMA
HIRUSTA - ESCUELA DE PADRES/MADRES |
CUESTIONARIO
SOBRE "SABER PREMIAR Y CASTIGAR" |
1.- Señala los
premios más frecuentes que usas con tus hijos y que te resultan bien:
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2.- Indica también los castigos
más frecuentes que empleas y que crees que son educativos para ellos :
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3.- Pon algún ejemplo de
situaciones en que te ha ido bien dejar que tu hijo/a actúe y que aprenda con las
consecuencias de su actuación :
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4.- Señala también algún
ejemplo de circunstancias que te desconciertan y no sabes cómo actuar. Trata de
solucionarlas con tu grupo a la luz de lo expuesto en este tema :
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