ESCUELA DE PADRES/MADRES         SESIÓN Nº 17

TEMA : AUTOESTIMA (2)

OBJETIVOS :

  • Profundizar en la importancia del autoconcepto positivo en la educación de los hijos

  • Analizar los comportamientos de los padres que refuerzan el autoconcepto positivo y negativo en los hijos.

METODOLOGÍA :

1.- Exposición del monitor/a con el documento anexo

( Tiempo . 30’ )

2.- En grupos pequeños,

* Señalar cinco pautas de actuación concretas de los padres para mejorar el autoconcepto de los hijos.

( Tiempo : 30’ )

3.- Puesta en común ( teniendo en la otra pizarra las ideas del documento )

 

( Tiempo : 25’ )

4.- Explicar la TAREA PARA CASA : " LOS HIJOS APRENDEN LO QUE VIVEN "

( Tiempo : 5’ )

Bibliografia :
  • -"¿Cómo organizar una Escuela de Padres?" – JJ Brunet y Jose Luis Negro Ed. San Pío X – Madrid 1.994

EDUCAR EN LA AUTOESTIMA PARA CREER COMO PERSONAS

El juego de los espejos o "usted es una persona importante".

Quizá te has mirado alguna vez en los "espejos de la risa" que se colocan durante las fiestas: éste te devuelve una imagen alargada y el otro te recuerda que también tú puedes ser Sancho Panza... Suele resultar divertido. Pero esta realidad de los espejos puede también trasladarse al mundo de la educación. Y entonces la cosa no resulta tan instrascendente. Verás: Los padres son para los hijos espejos psicológicos a partir de los cuales el niño va construyendo su propia identidad. Y el que la imagen que se devuelve sea equilibrada o deforme depende de los espejos paternos; de ellos depende que el niño se convierta en un adulto sano, capaz de enfrentarse a la vida con iniciativa y alegría o, por el contrario, la resultante sea una persona neurótica, huidiza e insegura.

La importancia del papel de los padres, sobre todo en los primeros años, es insustituible. De ellos dependerá en buena medida la imagen positiva o negativa que el niño se vaya haciendo a sí mismo. Por eso, tú eres para tu hijo una persona importante y no sólo porque le des alimento y colegio.

Una profecía que se cumple a sí misma.

La imagen que tenemos de nosotros mismos no es algo heredado, sino aprendido de nuestro alrededor: desde que nace, el niño se mira en sus padres como en un espejo y va aprendiendo lo que vale, en buena medida, por lo que ellos le valoran.

Miles de detalles gestuales y de palabras van configurando una imagen que se ajusta en su conjunto a lo que los otros esperan de él. De modo que, si habitualmente tiendes a pensar que tu hijo es "más torpe que la mayoría" o que "no tiene iniciativa", no debe extrañarte que, al final, éstos sean los comportamientos habituales en él.

Como dice Kafka, en su Carta al padre:

"Cuando emprendía algo que te desagradaba y tú me amenazabas con un fracaso, mi respeto a tu opinión era tan grande que el fracaso era inevitable, aún cuando no debiera producirse hasta más tarde. Perdí toda confianza en mis propios actos. Me torné vacilante, indeciso. A medida que me iba haciendo mayor iba aumentando el material que podrías oponerme como prueba de mi escasa valía. Poco a poco los hechos te dieron la razón en ciertos aspectos".

Ya lo ves. Como si de una profecía se tratase, tus expectativas pueden, en buena parte, convertirse en realidad. Sólo necesitan ser persistentes y continuas en el tiempo:

  • Eres una persona que confía en su hijo. Sabes que puede crecer y mejorar. Tu espejo le infundirá confianza y seguridad. Y el niño traducirá positivamente tu mensaje ("Puedes hacerlo". "Verás cómo te sale"), llegando a confiar en sus posibilidades y convirtiéndose en una persona segura. Habrá cosas en la vida que no le salgan bien, pero eso no atentará contra la confianza que tiene en sí mismo ("ya me saldrá otra vez").

  • Por el contrario, eres una persona enormemente ansiosa e insegura. Necesitas que las cosas se hagan rápidamente y que tus hijos te necesiten: les vistes, no les dejas salir a la calle por el peligro que corren, no pueden poner la mesa porque "son tan torpes que seguro que romperían algo"... El mensaje -verbal o no- que tu espejo le envía dice: "Eres un inútil". ¿Por qué extrañarte luego de que tu hijo no se defienda en la calle, se le caigan las cosas realmente de las manos, o de que antes de intentar hacer el primer trazo de un dibujo diga la fatídica frase: "yo no sé". Se comporta como aquello en lo que realmente le has convertido: una persona sin ninguna confianza en su propio valer.

¿Cómo se llega a una autoimagen positiva o negativa?

Ya queda dicho que los espejos van creando en las personas imágenes positivas o negativas de sí mismas. Pero ¿cómo sucede esto?.

3.1. Antes de aprender el significado de las palabras, todo niño reúne activamente miles de impresiones acerca de sí mismo. Estas impresiones vienen a través del lenguaje corporal de quienes le rodean; se trata de un TONO familiar característico que se va transmitiendo a los hijos junto al alimento o el aire que se respira.

Un niño está tomando el pecho. Su madre aprovecha para leer. Si el niño agarra su blusa ella desprende la mano sin mirarlo siquiera... Para este niño su única experiencia del mundo hasta ahora es su madre y su experiencia le dice que no merece atención.

El amor es atención al otro, "estar completamente" para él. Y, a veces, el compromiso de "estar en todo" impide a los padres "estar aquí por completo".

Por eso maternidad y paternidad significa no sólo nutrición sino, sobre todo, "alimento psicológico". No existe equivalente económico a la cercanía de los padres. Sólo desde el cariño nace la seguridad: cuando soy capaz de perder tiempo con mis hijos jugando con ellos, por ejemplo, les comunico que ellos son para mí importantes, dignos de ser queridos.

3.2. Otro elemento importante, que ayuda a construir la imagen que tenemos de nosotros mismo, es la propia experiencia.

Decía Montessori que "el niño VALORA su personalidad al caer en la cuenta de que puede ser independiente y realizar ciertas cosas con su propio esfuerzo. Sin embargo, para obtener esta clase de resultados es necesario colocar al niño en un entorno libre, donde pueda, por propia iniciativa, tener contactos sociales".

En resumen, se trata de que el niño vaya conquistando el mundo que le rodea por su propio esfuerzo. La satisfacción de ver que lo vamos dominando, nos anuncia, mejor que mil discursos, que somos capaces de triunfar y hacer bien las cosas: los niños necesitan experiencias vitales que prueben que ellos son valiosos y dignos de que se les ame. A la luz de lo anterior, comprenderás que resulta un error impedir en tu hijo la autonomía; sustituirle en la realización de aquellas cosas que puede hacer él mismo, aunque sea con la noble intención de ayudarle, se convierte en un impedimento para su desarrollo. Por eso:

  • cuando, por terminar pronto, le vistes para ir a la escuela;

  • cuando insistes en que no juegue en casa porque puede romper los cristales o el jarrón, pero tampoco puede bajar a la calle a causa de su constipado, o del asma o de los coches, o de las malas cuadrillas, o...;

  • cuando le programas cada paso de su horario a fin de que saque un mayor provecho de él;

  • cuando su opción para gastar el poco dinero que tiene no existe, ni puede escoger, sin contar contigo, sus amigos, ni existe deporte que no sea peligroso, ni... estás equivocando el camino.

¿Cuál será la labor de los padres, entonces?

Hará falta justamente que le posibilites descubrir el mundo, poco a poco, y de forma adecuada a su edad: haz alto tan sencillo como preguntarte:

  • ¿qué puede hacer él sin mi ayuda?

  • ¿qué libertad y qué responsabilidades puedo ofertarle yo en casa?

Y obra en consecuencia.

Más que prohibir, ofrece caminos abiertos, sugerencias de cosas o actividades que puede realizar. Y anímale a hacerlo ("¿Por qué no pruebas a ver si...?"). Tu mensaje le anuncia que le crees capaz, que tiene valía suficiente (¡Qué lejos está esta actitud del "ya sabía yo"...!).

Y alégrate de que tu hijo vaya necesitándote cada vez menos.

3.3. El tercer elemento es la palabra. No basta estar satisfecho con tu hijo, sino que debes hacérselo saber de vez en cuando. Las palabras tienen poder porque sirven para erigir o derrumbar el propio respeto: "torpe" o "manazas" tienen un mensaje cualitativamente diferente que "fenómeno" o "artista". "No serás nunca nada" y "¿Qué tal si cambiases ese detalle?" son dos enfoques diferentes ante la misma realidad.

Con todo, más importantes que las palabras son los juicios que llevan latentes:

  • Porque la palabra es ambivalente en sí: "¡Monstruo!" puede ser un insulto según el tono, el gesto, etc., o resultar una caricia si quien me lo dice sonríe mirando lo que voy haciendo y dándome una palmada en la espalda.

  • Porque las palabras pueden contradecir lo que realmente comunico con el resto de mi cuerpo ¡Atención a esta incongruencia!, por ejemplo:

  • Viene mi hija a casa y estoy limpiando o leyendo el periódico. Me dice que le gustaría comentarme algunas cosas que le preocupan y le digo que le escucho; pero sigo trasteando en lo que hacía. Mi mensaje verbal dice que estoy disponible pero lo que mi cuerpo comunica realmente es que "por muy importante que sea lo tuyo, más lo es quitar el polvo o seguir leyendo. Realmente no creo que tus problemas merezcan tanta atención".

  • Me suelo quejar de lo pesimista que es mi hijo... Pero llego del trabajo y las expresiones que salen de mi boca son, a menudo, de este estilo: "Asco de vida. Para cuatro días que vamos a vivir"...

  • "Estudia, que el saber no ocupa lugar"... Y, sin embargo, en casa no se lee ni un libro ni un periódico.

Los ejemplos podrían multiplicarse.

Autoconcepto y variables diversas.

4.1. Autoconcepto y edad

Por todo lo dicho puedes deducir fácilmente que desde el primer momento del nacimiento existe ya un tono familiar. Y desde el primer contacto con la madre existe también la experiencia. El último elemento en aparecer -al menos desde el punto de vista comprensivo para el niño- es la palabra.

A los 5 años todo niño ha recogido ya el suficiente número de imágenes reflejadas en los espejos de sus padres como para que pueda decirse que tiene una primera estimación general de su propio valer.

Con la entrada en la escuela han aparecido otros espejos o personas importantes: también los maestros son un ser superior cuyas opiniones resultan determinantes para él.

Una maestra, consciente de su papel de "persona importante", aprovechará su status para continuar con una pedagogía del triunfo. Y ayudará al niño a abrirse a la "sociedad de iguales". Los lloros de los primeros días se superan fácilmente en este ambiente.

Si al comienzo el niño revolotea constantemente alrededor de la maestra llamando su atención y pidiendo su aprobación para todo, si necesita convertirse en "acusica" de sus compañeros, no es más que por un afán de comprar el cariño de la maestra. Poco a poco irá comprendiendo que recibir la aprobación de los iguales -los compañeros- tiene también sus gratificaciones. Irá abandonando las conductas anteriores y aparecerán la solidaridad (chivarse pasa a estar mal visto) y la competencia (el niño necesita probar su energía y su resistencia, demostrar ante los otros su valía). Es la época de los deportes y la actividad constante: el cuerpo se convierte así en fuente de autoconcepto positivo.

En momentos de tensión el niño necesita una atención especial. Acontecimientos tales como el nacimiento de un hermano, el comienzo de curso, el cambio de vivienda o la entrada en la pubertad son importantes.

En este proceso, la adolescencia presenta características específicas. De repente, todas las seguridades se tambalean y el yo se vuelve especialmente sensible. No se encuentra a gusto con su físico en el que observa hipotéticos defectos (espinillas, figura deslabazada, enrojece con facilidad, cree tener la nariz demasiado grande o los pechos demasiado pequeños...) y entra en crisis. La inseguridad se acentúa, se pregunta por el futuro, por el tipo de sociedad que quiere construir, etc. Es un momento delicado, pero necesario para convertirse en adulto.

A pesar de que pueda parecer lo contrario, necesita ahora más que nunca de sus padres: protesta y se queja de los adultos, aparentemente hace mucho más caso a sus compañeros y da la impresión de ser insensible al cariño familiar. Y, sin embargo, en su crecimiento va copiando las pautas de los adultos más cercanos. Va reestructurando su imagen positiva desde el cariño familiar... Sería un grave error pensar que tus hijos ya no te quieren; lo hacen, pero de otra manera. Necesitan más que nunca de tu cercanía. Y, quizás, de tu testimonio silencioso... Si los años anteriores has hablado con ellos, te será ahora más fácil llegar a una comunicación explícita. Pero, en cualquier, tu labor es fundamental en esta etapa: no debes renunciar a decir tu palabra -firme pero con cariño- como padre o madre. Ella -y sobre todo tu ejemplo- serán el espejo en el que se mire para construir su mundo adulto.

4.2. Autoconcepto y estilo educativo de los padres

Existe un determinado tono emocional familiar. Cada familia desarrolla sus propios valores, que va introyectando en el hijo desde el primer momento de contacto con la madre.

Los padres favorecen o dificultan el desarrollo de una imagen positiva en los hijos con sus actitudes educativas: padres autoritarios originan hijos inseguros, con baja estima de sí y sin capacidad de iniciativa: los chicos con alta estima de sí suelen proceder de familias adultas, cuyo matrimonio tiene también un alto grado de estima que comunica a sus hijos; estos padres son capaces de proponer metas realistas a sus hijos.

Los padres incongruentes parecen ser quienes crean problemas más serios: si uno dice o hace sentir una cosa al hijo y el otro le procura sensaciones diferentes, el niño mantendrá opiniones contradictorias hacia él mismo. Difícilmente cristalizará un rol estable.

La antropóloga Margaret Mead habló de un cierto "amor condicional", corriente en la clase media americana. Dicho amor consistía en demostrar cariño a los hijos cuando, en un ambiente competitivo, quedaban por encima de los otros.

Si las metas que los padres (o profesores) proponen son por comparación con los "mejores", creamos un foco de tensión interno en el individuo cuyo destino será la frustración. En este sentido Karen Horney emplea el término "neurótico" para definir a aquellas personas que se enfrentan continuamente y de forma negativa con ideales inalcanzables.

4.3. Autoconcepto y escuela

La escuela es otro factor determinante en el autoconcepto. Ya hemos señalado que los profesores y los mismo compañeros se convierten en personas criterio para el niño.

Rosenthal y Jacobson han estudiado a fondo el tema. En la "Oak School" un 20% de los alumnos, escogidos al azar, son presentados por los autores a sus maestros como capaces de un desarrollo intelectual brillante. Al cabo de 8 meses se había provocado un cambio real en el rendimiento intelectual de los sujetos. El estudio estadístico pormenorizado les da pie a concluir que "las expectativas de los maestros sobre los alumnos pueden convertirse en profecías que se cumplen a sí mismas".

En la misma línea, múltiples investigaciones (Rosenberg, Taner, Staines...) demuestran que el nivel de aspiración de los alumnos está en función del comportamiento del profesor. No es el nivel intelectual el único que asegura los resultados positivos. El profesor crea una serie de influencias que actúan de una manera importante: ciertos estilos de relación, la simpatía, la tolerancia, el interés por el alumno, etc., son valorados como capaces de modificar el autoconcepto. El modo de dirigirse al alumno, determinadas palabras o comentarios escritos en los exámenes junto a la nota y las alusiones del profesor al autoconcepto del alumno, dan una mayor posibilidad de modificar la imagen. Profesores distintos pueden producir resultados distintos, y no sólo por su competencia profesional.

Cuando la imagen de nuestros espejos es distorsionante...

Si la imagen que nuestros "espejos" trasladan a los hijos es reiteradamente negativamente, el niño no consigue el respeto para consigo mismo y opta por:

  • desarrollar mecanismos de defensa,

  • someterse,

  • o retirarse al mundo de las fantasías.

Cada una de estas tres actitudes supone una autoestima negativa que no puede sino tener consecuencias negativas para la personalidad del sujeto.

  1. Con los mecanismos de defensa el sujeto trata de cubrir sus sentimientos de ineptitud. La defensa no es sino un arma psicológica contra la ansiedad y el temor, a fin de preservar el falso equilibrio personal. Al final las cosas pueden degenerar en una neurosis.

Algunas defensas son la compensación, el desplazamiento, la negación del problema, la proyección de nuestras dificultades sobre otros o la sublimación de dichas dificultades... Hay todo una arsenal de defensas posibles; así por ejemplo:

  • Un niño puede relajar sus tensiones comiendo sin ton ni son: como el sentirse no querido le produce ansiedad descarga la tensión mediante la comida. Pero, a la larga, el problema no se resuelve puesto que cuanto más gordo se pone más se meten sus compañeros con él. Y, por tanto, se siente peor.

  • La no aceptación del nuevo hermano por miedo a perder el cariño de sus padres puede hacerle proyectar sus sentimientos sobre su hermano pequeño diciendo que siempre le está molestando para que sus padres le castiguen...

  • Si un niño no es aceptado en casa, puede desplazar su agresividad y mostrar su huraño, agresivo y mostrarse huraño, agresivo y peleón en la guardería. Pero, así, cada vez estará más solo y será menos querido por sus compañeros.

En definitiva, en todos estos casos, la defensa se convierte en un círculo vicioso de autoderrota que hunde cada vez más el autoconcepto de quien la usa.

  1. Cuando no se logran defensas adecuadas puede recurrirse a la sumisión. Cuando uno se siente poca cosa, sin cualidades, indigno de ser amado, puede tratar de lograr el cariño sometiéndose. Es el clásico niño dócil, que ejercita una obediencia enfermiza y acrítica con el deseo de ser apreciado por los demás. Sólo desde el hundimiento de su propia personalidad es capaz de encontrar un cierto equilibrio inestable. Pero, a la larga, se trata de personas que tienen muchas posibilidades de acabar enfermos: para ellos la vida consistirá en pagar la deuda de una falta que no saben cuándo han cometido.

  2. Sin llevar la situación tan a los extremos, podemos decir -contra la idea al uso- que es mejor un niño movido que un niño excesivamente sumiso o quieto.

    En todo caso, este tipo de niños que compran el cariño a base de sumisión es más frecuente en familias que no tienen calor humano (familias rotas) o excesivamente autoritarias.

  3. Retirarse al mundo de las fantasías. En definitiva, es alejarse de las personas que le hacen sufrir. Construye un mundo propio, en el que uno es el centro, héroe y autor de la historia. No debe confundirse esta huida con la creatividad o la imaginación. Aquí la fantasía no es sino un escape de la vida real, que se siente como no satisfactoria.

En resumen... ¿Qué podemos hacer?: Algunas pautas de actuación para los padres.

  • La seguridad nace del amor. El ambiente de amor en el hogar es el humus necesario para que una persona crezca aprendiendo a confiar en sí misma. Los niños sobreviven en la aceptación, pero florecen en el amor.

  • No basta querer a nuestros hijos; es necesario que ellos se sientan queridos. Porque el amor no se sobreentiende: necesitan oír nuestra palabra de afecto, de aliento o de reprobación; incluso si las cosas están bien hechas, debemos decírselo para estimularlos. Pero si están mal, no debe adulárseles. La mentira es siempre enemiga de la imagen positiva, porque borra los auténticos caminos del crecimiento.

  • Nos es necesario revisar nuestras expectativas como padres. A veces, de rondón, se nos cuelan sentimientos no del todo limpios. Queremos determinadas cosas para nuestros hijos porque nosotros no las pudimos tener, o deseamos que destaquen siendo los primeros de clase para poder satisfacer nuestra vanidad ante la sociedad, o... Fácilmente pueden colársenos, con la excusa del hijo, sentimientos insatisfechos o deseos ocultos. Por eso, ante cualquier expectativa debemos formularnos estas sencillas preguntas:

  • ¿Por qué tengo yo esa expectativa?

  • ¿Dónde la obtuve y qué significa para mí?

  • ¿Se basa en mis necesidades o en las del niño?

  • Debemos buscar campos de éxito para nuestro hijo de manera que tenga frecuente contacto con el triunfo. Todas las personas tenemos aspectos positivos, cosas que sabemos hacer bien. Si tu hijo es un artista en trabajos manuales, no le quites importancia a ese notable y le recuerdes inmediatamente el suspenso en matemáticas. O, si es servicial en las cosas de casa, no le recuerdes cada vez que te echa una mano que más le valdría tener el mismo empeño en los estudios. La alabanza que merece habrá quedado convertida en reproche encubierto.

  • Cuando las cosas no están bien hechas hay que decirlo. Pero en cualquier caso critica el fallo, no la persona. Es muy distinto decir a un hijo "eres un inútil" a decirle "eso no lo has hecho bien": en la primera situación pones en duda su validez total como persona; en la segunda, te refieres a una actuación concreta.

  • Traza metas accesibles a las posibilidades de tu hijo, de modo que tenga que luchar para conseguirlas. Pero no apuntes ni excesivamente alto ni demasiado bajo. También aquí la política de los pequeños pasos llega lejos. No quieras empezar a darle responsabilidades cuando llegue a la mayoría de edad. Responsabilidad y libertad son condiciones necesarias para ir creando personas maduras.

Cuando triunfe retírate discretamente de las bambalinas sin recordarle el porcentaje que en su mérito te corresponde. Pero estáte cercano en los fracasos, para poder auparle y ayudarle a reemprender la marcha.

  • Que tus hechos no contradigan tus palabras. Trata de ser coherente y, si para ti los hijos son lo más importante, "pierde el tiempo" con ellos, olvida todo lo que tienes entre manos cuando quieren hablar contigo...

Y no hagas como aquella madre que ante el dibujo que su niña de siete años le mostraba con verdadera ilusión le plantaba dos besos sonoros a la vez que echaba la hoja en el cubo de la basura...

Sé coherente en tus acciones y palabras.

  • No exageres las dificultades para evitar peligros: ni el pánico ante el fuego, ni la obsesión por los coches de la carretera, ni el hombre del saco, cuando se exageran, son buenos. Al contrario, se convierten para el niño en fuente de ansiedad.

  • Déjalo crecer: tampoco la excesiva dependencia ayuda a formar personas maduras. Si quieres que sea adulto desde demasiado pronto, nunca será niño. Es normal que salte, o que corra por el pasillo de vez en cuando aunque se lo tienes prohibido, o que no se esté quieto. Jugar en la calle, hacer deporte o salir al monte con los amigos le ofrece una medida de lo que vale, aquello en lo que puede triunfar por sí mismo, sin necesidad de sus padres. Tenerlo demasiado pegado a ti puede resultar más cómodo pero no le sirve para madurar.

  • En definitiva, se trata de que tengas presente, por encima de los fallos puntuales que puedas cometer, lo que la Sociedad Filium dice bellamente. Te aconsejo que ante cada uno de los condicionales pongas brevemente actitudes que puedes cambiar con respecto a tu hijo. Y lo intentes de verdad.

PROGRAMA HIRUSTA - ESCUELA DE PADRES/MADRES

" LOS HIJOS APRENDEN LO QUE VIVEN "

* Ante cada una de las frases. pon brevemente actitudes que puedes cambiar respecto a tu hijo/a... Luego "sólo" basta intentarlo de verdad...

Si un hijo vive criticado,

aprende a criticar

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Si un hijo vive con hostilidad,

aprende a pelear

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Si un hijo vive

avergonzado,aprende a

sentirse culpable

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Si un hijo vive con tolerancia,

aprende a ser tolerante

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Si un hijo vive con estímulos,

aprende a confiar

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Si un hijo vive apreciado,

aprende a apreciar

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Si un hijo vive con equidad,

aprende a ser justo

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Si un hijo vive con seguridad,

aprende a tener fe

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Si un hijo vive con aprobación,

aprende a quererse

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Si un hijo vive con aceptación y

amistad, aprende a encontrar

amor en el mundo

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* Como Kafka, pero sin dramatismos, escribe la carta que crees que tu hijo te dirigiría.

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